“En tu mano están mis tiempos; líbrame de la mano de mis enemigos y de mis perseguidores” Salmos 31:15 (RV60).
Recuerdo que cuando era niño soñaba con tener súper poderes. Me parece que es una etapa bastante normal por la cual casi todos pasamos. Recuerdo mirar en lo más profundo de mi imaginación y perderme por largas horas en aquel divertido mundo al alcance de cerrar mis ojos. Allí, podía escoger qué sería y que era realidad. Pensando recientemente en esto, me percato que el poder que con regularidad escogía era viajar en el tiempo; con unas simples palabras podía controlar el tiempo. Cambiar el pasado o viajar al futuro era el pan de cada día.
Sí, sé que son cosas de niños. Pero, si somos honestos la mayoría de los adultos hoy en día vivimos frustrados en muchas áreas de nuestras vidas por no tener el poder de controlar el tiempo. Si tuviéramos la oportunidad de mirar, al menos, una hora hacia el futuro tendríamos menos estrés, quizás, si pudiéramos ir al pasado y nuestra historia tuviera menos errores y estaríamos gozando de un presente bien cuidado. Quizás, no todos estén de acuerdo con esto, pero la realidad es que con regularidad nos desespera no tener el control y sentir que el tiempo va tan rápido y que no podemos manejar la corriente de problemas que nos presenta la vida.
Hoy quiero compartir contigo una historia que tiene un pequeño secreto que cambió mi vida y la forma en como interpreto el tiempo. Podría sonar extraño, pero encontré una persona con el super poder del tiempo, puede ver el futuro, puede ir al pasado mientras disfruta del presente. Es tan poderoso que no solo puede hacer esto, sino que también puede hacer todas a la vez y no verse afectado por el tiempo.
Increíblemente no utiliza este poder como quizás la mayoría de nosotros lo haríamos. Sí, hablo de Dios; específicamente hoy quiero hablarte de Jesús. Él creó todo en el principio por lo que automáticamente al hacer esto en el principio está incluído el diseño del tiempo; esto significa que nosotros nos vemos afectados por ello, sin embargo, Él no. Dios está fuera del tiempo.
Por lo anterior, Jesús no cambia, porque “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8). “Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos” (Malaquías 3:6 RV60). Habita la eternidad y no en el tiempo: “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Isaías 57:15 RV60). “En la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos” (Tito 1:2).
Ahora bien, Él en su increíble sabiduría y capacidad de ver el futuro se encarga de:
- Darnos una opción: cuando Dios nos crea a su imagen y semejanza nos da libre albedrío, lo cual no es otra cosa que la capacidad de pensar y escoger por nosotros mismos en el diario vivir.
- Prometernos un futuro de bien: “Pues yo sé los planes que tengo para ustedes —dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11 NTV).
- Darnos la explicación sobre cómo entender y manejar el tiempo: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora” (Eclesiastés 3:1 RV60).
“Aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:16 RV60).
“Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Salmos 90:12 LBLA).
Pero creo que sería más sencillo de entender con la historia del famoso Lázaro. En Juan 11, se nos desglosa la gran historia de como Lázaro, un amigo que Jesús amaba con lo más profundo de su corazón se encuentra enfermo y una de sus hermanas corre al socorro de Él. Cuando llega donde Jesús, Él le dice: “esta enfermedad no es para muerte sino para la gloria de Dios” (v. 4) y decide quedarse dos días más en el lugar donde se encontraba. Si yo me encontrara en una situación similar, reconozco la dificultad que tendría en simplemente confiar en las palabras que Él le dio. Probablemente, le diría que yo acabo de verlo y el hombre está a punto de irse con los “panchos” y morir. Pero, volviendo a la historia, Jesús continúa con su camino y sus discípulos más adelante les mencionan que Lázaro estaba durmiendo, bueno les tiene que aclarar que estaba muerto y que ahora si ya era “tiempo “de ir.
Cuando llegan ya Lázaro tenía cuatro días de sepultado. Para, este entonces, ya muchos habían consolado a sus hermanas y cuando escuchan que Jesús había llegado Marta sale a encontrarse con Él. Mientras, María se quedó en la casa y, para ser honesto, quizás yo hubiera tenido la misma actitud.
“Te busqué a tiempo y decidiste no venir y dejarle morir”. Marta cuando sale le reclama: “Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo” (Juan 11: 21-27 RV).
Y aquí encontré el pequeño secreto que cambió la forma como interpretaba el tiempo. Marta y María querían que Jesús sanara a Lázaro y le cuestionaron por qué no llegara a “tiempo”, él había muerto. La verdad es que no estaban cuestionando la tardanza de Jesús, sino Su voluntad y Sus propósitos. Ellas querían un hermano sano, pero Jesús venía en busca de resurrección, de glorificar el nombre de Dios y cambiar la historia de la humanidad y la vida de Lázaro para siempre. Una es la voluntad anhelada por nuestra humanidad y otra es el propósito de Dios para nuestras vidas. Una es limitada y otra es eterna. Muchas veces, cuando tú y yo cuestionamos el tiempo en que Dios hace las cosas, cuan rápido o lento cumple sus promesas nos estamos enfocando en querer tener el control y la voluntad de Dios. Nuestra limitada mente quiere sanidad en algunas áreas de nuestras vidas cuando lo único que puede cambiarnos para siempre es que algo muera en nosotros para que Jesús pueda traer resurrección y vida eterna. Dios siempre llega a tiempo, no en nuestra expectativa, pero en su perfección. Hoy quiero que tomes un tiempo y analices si las ganas de controlar el tiempo vienen porque no estas manejándolo bien o porque no puedes confiar en Dios.
¿Recuerdas cuando al principio de la historia Jesús le dice a María: esta enfermedad no es para muerte sino para la gloria de Dios? Sin embargo, cuando María llega y llora, Jesús llora con ella y es allí cuando el milagro se dio. Hoy es un buen día para pedirle a Dios que nos ayude a vivir bien los tiempos, que nos dé dirección y aprendamos a confiar al Dios de los tiempos. Jesús le dijo: “¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?” (Juan 11:40 RV60).
“El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación”
- (Hechos 17:24-26 RV60)
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