¿Cómo conectarnos como familia en un mundo totalmente desconectado?

Padres

Resulta paradójico que, en un mundo donde la era digital está en pleno auge, donde la comunicación con personas al otro lado del mundo está a un toque de pantalla, donde podemos vernos, hablar y reunirnos con otros, desde la comodidad de nuestro hogar, sentados cómodamente en nuestra sala..., estemos completamente alejados y desconectados de los que nos rodean y a quienes amamos: nuestros hijos, nuestra familia. ¿Te has preguntado por qué? ¿Será que damos por sentado que están ahí? ¿Su amor es incondicional? ¿Será qué estamos ausentemente “presentes” y eso es suficiente? Pero ¿Les damos todo lo que necesitan? ¿Están entretenidos en su propio mundo?

La tecnología, con todos los beneficios que pueda traer puede llegar a ser un arma de dos filos en nuestro hogar. Sigilosamente, ha invadido nuestra alcoba, nuestra mesa, nuestra sala y, sin sentirlo, nos ha alejado los unos de los otros… En muchos casos, nos hayamos dado cuenta o no, nos ha alejado de nuestros hijos. De acuerdo con la Academia Americana de Psiquiatría, para niños y adolescentes en su informe 53, publicado en febrero del año 2020 (antes de la pandemia), un niño promedio en los Estados Unidos de América pasaba entre 4 y 6 horas al día detrás de una pantalla; llámese teléfono celular, tableta, computadora, juegos de video, televisión, etcétera. Todo ello daba como resultado desórdenes del sueño, bajo rendimiento escolar, menos tiempo en familia, problemas de imagen propia, falta de actividades al aire libre, entre otras cosas. Aunque vivimos bajo un mismo techo, pareciera ser que estamos en mundos diferentes. Sin embargo, hay esperanza.

Conectar con los hijos y conectar en la familia en un mundo digitalmente conectado y humana, emocional y espiritualmente desconectado, requiere intención y esfuerzo para la interacción genuina; sin embargo, es posible construir relaciones fuertes y significativas, pero se requiere intencionalidad y tenacidad.

En primer lugar, debemos reconocer que, nuestros hijos pertenecen a una generación profundamente influenciada por la tecnología y son menos sociables; ello puede representar un desafío, pero no una imposibilidad para conectar con ellos y crear relaciones fuertes, firmes, seguras, pero, sobre todo: fundamentadas en la Palabra de Dios; ello requerirá comprensión, paciencia y adaptación. Recuerda:

“Educa a tu hijo desde niño, y aun cuando llegue a viejo seguirá tus enseñanzas” (Prov. 22:6; BTLA). Nuestros hijos son una inversión, tenemos un tiempo limitado para enseñarlos en los caminos del Señor. Proponte crear tiempos específicos en los que todos los miembros de la familia se desconecten de sus dispositivos: durante las comidas o antes de dormir, promueve conversaciones significativas, la enseñanza o el estudio de la Palabra de Dios serán una buena opción que les ayudará a conectar no solo como familia, sino también a conocer a nuestro Creador por medio de la revelación que dio de Sí mismo en Su Palabra.

“Los hijos que tenemos son un regalo de Dios” (Salmo 127:3; TLA). Ayúdalos a participar en actividades que involucren a toda la familia, como juegos de mesa, caminatas, hacer una trivia bíblica, cocinar juntos o realizar proyectos creativos y divertidos. Estas experiencias fortalecen los lazos y crean recuerdos en familia.

“Si los miembros de una familia se pelean unos contra otros, la familia también acabará por destruirse” (Mar 3:25, BTLA). Luchar contra el uso de pantallas no será una tarea fácil, durante el proceso se deberá trabajar activamente en la unidad familiar, la perseverancia en amor y la diligencia serán un factor importante. Glorificamos a Dios cuando nos esforzamos en mantener la paz y la armonía en nuestra familia.

(El amor) Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (1 Corintios 13:7 {paráfrasis]). Dios mismo cuya esencia es el amor debe ser el fundamento que te ayude a luchar por tus hijos, Él debe ser tu razón para perseverar en la batalla por la armonía familiar, el cimiento para que la familia glorifique y exalte Su nombre. No desmayes que a Su tiempo verás los frutos, no te desanimes porque Él está a tu lado como poderoso gigante. Finalmente: persevera, porque Él no te dejará, ni te desamparará.

 

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