Una niñez saludable

Una niñez saludable, es una niñez sana. En la Biblia encontramos textos que nos hablan de la importancia del desarrollo integral de los pequeños:

“Y el niño (Juan el Bautista) crecía, y se fortalecía en espíritu” (Lucas, 1:80, RV, 1960).

“Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas, 2:52, RV 1960).

Vemos en estos niños un desarrollo integral que abarcaba la totalidad de su persona: estatura, sabiduría y espíritu.

Crecer en estatura
Entre los factores que contribuyen al crecimiento encontramos la buena alimentación y la práctica de deportes.

La buena alimentación. Las consecuencias de un niño mal alimentado se verán en sus carencias intelectuales como en su desarrollo físico. En algunos contextos, además de la enseñanza bíblica, se les debe brindar a los niños un plato de comida. De esta manera, estamos velando por su crecimiento “en estatura”.

La práctica de deportes. Todos conocemos la importancia de la actividad física en el desarrollo corporal. Los niños de hoy pasan mucho tiempo con juegos tecnológicos que son sedentarios. Por eso, en el ámbito de la comunidad de fe es muy bueno contar con jóvenes que realicen actividades recreativas y deportivas con los niños. De esta manera ayudan a los pequeños a ponerse en movimiento, un movimiento saludable.

Crecer en sabiduría
Un niño sabio conoce los límites, sabe lo que está bien y lo que está mal. Sabemos que los primeros responsables de la formación de los hijos son los padres. Pero, también somos conscientes de los graves conflictos que afectan a las familias en la actualidad. Por eso, es tan importante que la tarea la puedan realizar los maestros y la Iglesia juntos, con la finalidad de la formación de los pequeños.

Enseñar con responsabilidad. Para que los niños crezcan en sabiduría, deben conocer lo que enseña la Palabra de Dios. El maestro debe planear una clase que no solo afecte el intelecto (que sepan, que conozcan), sino que también afecte la voluntad y la decisión (que apliquen, que lleven a la práctica). Un niño será sabio si “vive” la enseñanza bíblica, y no solo si “repite” lo que le han enseñado (Santiago 1:22).

Enseñar con amor. Un niño que vive en un ambiente en el cual se siente amado, respetado y conducido con templanza, se sentirá seguro a la hora de enfrentar los distintos desafíos de la vida. Lamentablemente, muchos niños carecen de este afecto en su familia, por eso, es fundamental el rol que juega el maestro cristiano brindándole al niño muestras concretas de cariño. El niño tiene que ver el amor de Jesús en el trato de sus maestros. Debe sentirse amado y aceptado ¡siempre!

Crecer en espíritu
En el desarrollo integral del niño también es de suma importancia su desarrollo espiritual.

Para crecer espiritualmente necesita “nacer de nuevo”. Un niño NO puede crecer, si NO ha nacido. No podemos pretender que un niño muestre cambios de conducta o de actitudes, si no ha entregado su vida a Jesús. Por eso, es fundamental que el maestro invite a los niños a recibir a Señor en sus vidas. A partir de esa decisión se verán los cambios y el crecimiento, al poner en práctica las verdades de Dios.

Para crecer espiritualmente necesita ver buenos modelos. Un niño aprende de todo lo que lo rodea, en especial, toma ejemplo de los adultos que tiene cerca. El maestro debe ser un buen modelo para sus niños, mostrarse como un joven o un adulto que sigue a Jesús y que vive una vida que agrada al Señor.

Hay que ser conscientes que la mirada del niño está en todo momento y no solo en la clase. Hay una generación de niños que esperan por jóvenes y adultos que los abracen, que les digan lo valiosos que son y que los ayuden a crecer integralmente. ¿Es posible que el Señor pueda contar contigo?

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