¿La última generación? Parte 1


Hoy quisiera compartir un poco sobre uno de mis temas favoritos, y probablemente una de las grandes misiones de mi vida: levantar generación a Jehová. Jesús modeló la forma más fácil de entender el reino: pasando tiempo con los niños. (Marcos 10:13-14 TLA). Hoy te extiendo una cordial invitación a aventurarnos. Dame la oportunidad de exponer la importancia de darle prioridad a los niños. Toda aventura viene acompañada de retos y es necesario compartir contigo la realidad o reto al que nos enfrentamos cuando trabajamos con la niñez y algunas herramientas que, espero, te sean de mucha bendición en este caminar.

Vivimos en tiempos extremadamente difíciles, en los cuales todo parece estar distorsionado. Respirar toma más esfuerzo que antes y nuestra atención está dividida en el tiempo. Nos exponemos a una sociedad de espejos distorsionados, presos de tener que mostrar una imagen falsa, creando así un pantano narcisista. Nos encontramos expuestos a la maldad en una soledad rodeada de personas que duermen con los ojos abiertos. Permanecemos ciegos a la realidad de que estamos perdiendo una batalla que definirá el futuro de nuestros hijos.

Tristemente nuestros niños y adolescentes son el terreno más fértil y vulnerable para la agenda que conspira en nuestra contra. Ellos se están enfrentando con que a lo bueno se le conoce por malo y a lo malo por bueno. Su inocencia, autoestima, identidad y su llamado están en riesgo. Tú y yo debemos poner de nuestra parte para defenderlos e intencionalmente separar el tiempo para formarlos, entrenarlos, amarlos y enamorarlos de Jesús. 2 Timoteo 3:1(TLA) dice que debemos saber que vendrán tiempos difíciles. Esta realidad no debe tomarnos por sorpresa, sino que debe afirmar que nos encontramos en el tiempo perfecto para actuar.

Al leer este pasaje, la mayoría piensa en guerra, falsos maestros, terremotos, persecución, etcétera; y aun cuando esto es parte de lo que se avecina o ya estamos viendo, lo primero que viene a mi mente es la generación que tenemos en las manos. Perderles o no prepararlos para ser lo que fueron llamados me aterra. Permíteme compartir algunos números para explicar mi desesperación por hacer algo. En un estudio reciente de George Barna se encontró que en el ámbito mundial el 61 % de los jóvenes que en alguna ocasión asistieron a la iglesia se apartaron y no les interesa el tema de Dios. El 19 % nunca fue alcanzado y solo un 20 % conservó una relación con Jesús. Con honestidad, esta es la epidemia que debiera producir un escándalo social.

¿Qué pasó, qué se está haciendo mal? Esto significa que estamos a una generación de que la Iglesia, como la conocemos, desaparezca. ¿Estaremos a una generación de que toda esperanza esté perdida? Probablemente. Si estás leyendo este artículo, eres parte del 20 % que mantuvo una relación con Jesús porque le ama.

No podemos permitir que la próxima generación sea la última. Mateo 24:14 (NVIS) nos enseña: “Y se predicará la buena noticia acerca del reino por todo el mundo, de manera que todas las naciones la oirán; y entonces vendrá el fin”, ¡Qué poderoso mensaje! Esa es la generación de la que yo anhelo que mis hijos sean parte: una generación apasionada por Dios, dispuestos a sufrir por el Reino de Dios. No la última generación de la tierra, sino la generación de los últimos tiempos.

¿Estaremos a tiempo de hacer algo? La respuesta es sencilla, ¡sí! Es posible que estemos haciendo muchas cosas mal, pero nuestras energías deben dirigirse a entender y accionar más que a señalar. No podemos ser la generación que juzga lo que otros hicieron o dejaron de hacer, seamos la generación invisible, la que no busca ser protagonista, sino abrir camino a la generación que predicará hasta el fin. Este es el tiempo perfecto para ver milagros, las maravillas de Dios y el surgir de esa generación apasionada por Dios.

¿Qué hemos perdido como Iglesia, como padres, como seguidores de Jesús en este tiempo? ¿Qué hacemos por esta nueva generación? Por extraño que suene, creo que hemos perdido la capacidad de escuchar la voz de Dios, el enfoque, la pasión por los niños y la capacidad de soñar en pequeño. Por lo tanto, te comparto en esta primera parte varias herramientas sobre cómo comenzar a trabajar por la generación que se levanta.

Capacidad de escuchar a Dios

Job 33:14 (PDT) dice: “Pues Dios habla de una manera y otra, aunque no nos demos cuenta”. Al vivir en una sociedad de tanto ruido, distracción y afán se nos puede nublar la capacidad de escuchar claramente la voz de Dios. Oír es la habilidad física de recibir y procesar sonidos e información. Escuchar es prestar atención para entender. Creo es importante el afinar nuestros oídos a lo que Dios quiere decir por encima de lo que anhela nuestro corazón, lo que opina nuestra inteligencia humana o impone la sociedad sobre nuestras emociones. Si logramos mejorar en esta área de nuestra vida podremos proveer las primeras dos herramientas a los niños.

Primera herramienta: Enamora a cada niño de Dios y todo lo asociado a Él

Maestros:

• Nuestra misión domingo tras domingo debe ser que la Iglesia y, por ende, la clase bíblica sea su mejor hora de la semana. Debe ser un tiempo divertido, vivo y lleno de alegría.
• Entiende que el tiempo de los niños en la Iglesia no es una guardería, sino que está allí para crecer, conocer a Dios y disfrutar de Su presencia.
• No tengas miedo a ser creativo, piensa fuera de la caja.
• Crea lazos de confianza y amistad y luego ministra la Palabra de manera práctica.
• Enséñale a cada niño de la manera en la que él aprende y no cómo tú estás acostumbrado a enseñar.

Pastor:

• Una iglesia sana se arriesga con los niños. Deja que ellos prediquen, dirijan en la adoración, participen en ministerios, sirvan a otros, oren y evangelicen.
• Una iglesia saludable no tiene miedo en invertir y ser generosos con los niños. Hay que brindar herramientas y entrenamientos a los maestros, así como talleres y cuidado o cobertura a los padres.
• Es necesario un cambio de cultura de amor y familias genuinas.
• Hay que proveer un lugar divertido y seguro para los niños.

Padres:

• Entiende que el mejor regalo que tú y yo podemos dar a Dios no es algo que hagamos, sino a alguien que criemos y levantemos.
• Es más fácil levantar y discipular a un niño que restaurar a un adulto herido.
• Todo lo que haga en el hogar tiene mayor autoridad que lo diga fuera del hogar.

Enfoque

Muchas personas confunden movimiento con progreso. El que una persona esté haciendo mucho no significa que esté siendo efectiva y logre más. Dios quiere que hagamos, pero no que vivamos afanados, puesto que el afán desenfoca, desgasta y desconecta. Para la aventura de sembrar en nuestros niños es necesario estar bien enfocados.

Segunda herramienta: enseñarles a escuchar la voz de Dios

En mis años como pastor me encontré con muchos adolescentes y jóvenes que conocían la Biblia y sus historias, pero no conocían a Dios. Recuerdo la primera ocasión en que una joven, hija de ministro, me dijo que nunca había escuchado la voz de Dios. Con honestidad, mi corazón se quebró. No hay un Espíritu Santo niño, el mismo Dios que conocemos los adultos es el mismo que quiere tener una relación con los más pequeños. Ellos pueden conectarse por igual. Por consiguiente, como padres, maestros y pastores debemos provocar que ellos:

-Aprendan a conocer y discernir al Espíritu Santo.
-Disfruten del tiempo de adoración y la presencia de Dios.
-Tengan amor por la lectura de la Palabra diariamente.
-Estén rodeados de amigos que sepan escuchar la voz de Dios.
-Vean que los padres dedican tiempo, que los maestros proveen experiencias de vida y que los pastores proveen espacios libres en los cuales la presencia de Dios pueda pasearse.

Recuerda, en la sencillez hay poder. La mejor manera de enseñar esto es siguiendo el modelo de Jesús con los discípulos. Mira cómo lo hago, hagámoslo juntos y finalmente habla con Dios, encuentra tu estilo y ve solo. Te compartiré mas herramientas en mi próximo artículo.

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