Porque todo comienza en casa

Muchas veces como lideres con la mejor intención de alcanzar a un mundo perdido, olvidamos y perdemos de vista nuestro primer llamado y asignación. Pero nunca es demasiado tarde para hacer los ajustes necesarios. Queremos aprovechar este espacio para comenzar compartiendo dos ideas prácticas y efectivas que nos ayudarán a experimentar la bendición para que nuestros hogares se conviertan en una casa de oración.

1. Arrepentimiento

Todo comienza en nosotros como líderes y/o padres de familia, reconocer que nos hemos equivocado aun con nuestra mejor intención. Erróneamente se ha creído por mucho tiempo que los padres no deben pedir perdón a sus hijos, pero que idea mas alejada de la verdad, ya que el pedir perdón y el arrepentimiento no deben enseñarse en teoría; sino modelar y enseñar con nuestro ejemplo. En otro artículo previo, compartimos este punto específico de como tuvimos que arrepentirnos delante del Señor y dejar que nuestros hijos vinieran a EL.

“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14 RVR 1960).

Este versículo dice: Si se humillare mi pueblo; ese pueblo somos nosotros; tu y yo. Humillarse es adoptar una actitud de humildad en una situación o ante una persona; es reconocer que nos hemos equivocado; que hemos pecado.

Otra escritura que queremos compartir contigo en esta ocasión es esta:“El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición” (Malaquías 4:6 RVR 1960).

En esta Palabra se nos promete que el Señor hará que esto suceda, que los corazones de los padres se vuelvan hacia los hijos y que mejor manera de hacerlo que reconociendo que como padres hemos pecado y hemos fallado; esto hará que nuestros hijos tomen el segundo paso y al humillarnos y reconocer nuestro pecado y fallas y decidir perdonar vendrá sanidad a nuestros hogares.

Pasos prácticos que podemos comenzar a realizar HOY:

  • Comenzando por arrepentirnos delante de nuestro Padre Celestial.
  • Continuar con nuestra pareja; esposo/esposa, alguien tiene que tomar la iniciativa y dar el primer paso. Te animamos a tener una actitud humilde y receptiva; generalmente ofendemos a los que más amamos; por eso es importante preguntar en que hemos ofendido a nuestra pareja y escuchar en silencio, no a la defensiva como humanamente es nuestra respuesta.
  • Luego con nuestros hijos; puedes tomarle a cada uno por separado y tener un tiempo para preguntarles en que les has herido,

2. Invitar a Cristo a nuestra casa.

A veces podemos pensar que Cristo está en nuestros hogares porque somos cristianos; pero desafortunadamente no siempre es así. De manera intencional debemos darle la bienvenida a nuestro hogar, a nuestra cocina, a nuestras habitaciones no solamente a la sala en donde recibimos la visita; sino que El sea invitado a cada rincón de nuestra casa y de igual manera de nuestro corazón.

Pasos prácticos que podemos comenzar a realizar HOY:

  • Reúne a tu pareja y a tus hijos y con palabras sencillas hagan una oración juntos; sería ideal que cada uno tuviera la oportunidad de participar y con sus propias palabras darle la bienvenida a Cristo a su hogar. Que EL sea bienvenido a cada parte de nuestra familia y de nuestra vida. Aquellas que se ven bien y aun aquellas que no se ven tan bien y que no queremos mostrar. El es especialista en traer orden y paz a esas áreas de caos.
  • Aprendamos a disfrutar de los pequeños momentos; siendo conscientes de que Cristo está en medio de nosotros; seamos más conscientes de Su presencia en medio nuestro y no solo de su omnipresencia; sino de su presencia manifiesta.

En un próximo artículo estaremos compartiendo otras ideas prácticas y efectivas que nos ayudarán a que nuestros hogares sean esos lugares que el Padre ha planeado que sean.

Bendiciones y continuamos juntos con la misión de conectar a esta generación con Jesucristo comenzando desde los hogares, la iglesia, la comunidad y hasta lo último de la tierra, cumpliendo así la gran comisión.

 

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