Conduce un niño a Cristo


ANTES de conducir un niño a Cristo, el líder de la iglesia debe preguntar, «¿Por qué?». La respuesta es simple. El acto de conducir un niño a Cristo es el cumplimiento de la Gran Comisión. Vamos a ganar y discipular a cada persona, sea niño o adulto. El acto de ganar un niño es un acto de rescate y amor. Si tú crees que un niño puede pasar la eternidad sin Cristo, entonces debes sentirte obligado a rescatar ese niño para Cristo. ¿Cuáles son algunos de los aspectos básicos que se deben saber acerca de cómo conducirlos a Cristo?

Sé amable y cariñoso/a. Tu espíritu gentil desempeña un papel muy importante para alentar al niño de que Cristo es un Salvador amable y cariñoso. Es un testimonio del poder de Cristo para salvar cuando un adulto amable y cariñoso evangeliza un niño. En la vida de un niño, muchos adultos solo se dirigen a él o ella en un tono frío y de mando. Tu presentación de Cristo con palabras cariñosas y un espíritu amable facilitará mucho para convencer al niño de su necesidad de un salvador.

Usa el lenguaje de los niños. El cristianismo y sus beneficios deben explicarse de manera que el oyente entienda. Sea ganar un jefe de una tribu en Kenya o una niña en Waukee, Iowa, el evangelista debe utilizar el lenguaje y los conceptos entendibles por la persona. La cultura de la infancia rara vez puede comprender el lenguaje y los ejemplos proporcionados por los predicadores adultos, habla en términos que los niños entiendan.

Evita los conceptos abstractos. Los niños van cambiando de un pensamiento concreto a un pensamiento abstracto a partir de los años intermedios hasta finales de la primaria. Las frases como «deja que Jesús te lave en Su sangre» o «pídele al Padre que venga a tu corazón» deben evitarse. Una vez conocí a un niño que estaba convencido de que su abuelo había muerto porque Jesús estaba en su corazón. Explicó que Jesús no pudo entrar y por eso el «abuelo tiene el corazón roto».

Habla suavemente. Usar un tono de voz alto y agresivo a menudo puede asustar a un niño. Suaviza tu enfoque en las cosas de Dios. Deja que el niño se acerque a Jesús. Este no es un momento para discutir ni ser insistente, relaja tu voz y actitud.

No hagas ninguna presuposición de conocimiento bíblico. Los niños que no han estado en la iglesia o que son inconversos no tienen idea de quién es Jesús, David, el joven pastor, o Jonás. Cuando se hace referencia a una historia bíblica o un versículo, explícalo de forma simple y comprensible. En cada oportunidad de salvación acércate como si fuera la primera vez que el niño escucha las buenas nuevas.

Haz preguntas. Permite que el niño descubra la verdad de Dios. Abre una Biblia. Si tiene la edad suficiente, anima al niño a leer un versículo resaltado. Después de leerlo, pregúntale que significa el versículo para él.

Permite que el niño responda a su manera y con sus propias palabras. No apresures el proceso. Permite que el niño haga preguntas. Cuando un alma está en necesidad del Salvador todo vale. A través de la interacción de preguntar y contestar, el niño puede darse cuenta de su necesidad de creer en Jesús. Cuando piensas que has explicado adecuadamente el mensaje, pregúntale al niño lo que quiere hacer al respecto.

Una vez que el mensaje ha sido explicado y comprendido plenamente, es tiempo de orar. Algunos emplean un estilo de oración de preguntas y respuestas. Recuerda que la oración nunca debe ser obligada. Si el niño no está dispuesto a dar su vida a Cristo, solo haz una oración que recuerde al niño de lo que se habló. Si él está listo, ora con el niño llevándolo a Jesús. Siempre aliento a los niños a orar en sus propias palabras, después de finalizar con una oración de preguntas y respuestas.

Al orar, recuerda lo siguiente. Conversa con el niño, involucra al niño, no hables como un adulto de la iglesia y da la gloria a Dios. Por cierto, Dios quiere que el niño se una a su familia más que tú. Deja que el Espíritu Santo ponga la presión mientras tú te relajas y recoges la cosecha.


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