Potenciando vidas

En la vida de cada persona existe en lo más profundo el sentido de trascender. Esto se ve reflejado ya sea un niño o adulto.

Sabiendo esto mismo, nuestro Señor, nos dijo: “Jesús se acercó y les dijo: ‘Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos en todas las naciones, y bautícenlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo’” (Mateo 28:18-19 RVC). Lo triste es ver a tantas personas indiferentes a esta realidad humana como Divina. En alguna etapa de mi vida, debo reconocerlo que también estuve en ese grupo de “indiferentes”, hasta que reconocí que debía estar en la misión de discipular.

Con los años el Señor me permitió ser profesor de deportes. Recuerdo un niño pequeño, que con 6 años quería aprender jugar al básquet. Su papá no hacía mucho que había fallecido. Su mamá con grandes inquietudes me planteó esta necesidad. Con generosidad me ofrecí para acompañar a Lautaro al club para iniciar su vida deportiva en el básquet, como el sueño de cualquier niño. Los años transcurrieron y ese niño pequeño está llegando hoy a los dos metros de altura, y jugando para la selección de básquet de su ciudad. Lo emocionante es haber estado compartiendo una clase abierta en una escuela con niños pequeños y Lautaro como jugador invitado compartiendo su historia y como alguien pensó en él, creyó en él y hoy está en medio de una carrera profesional. Los niños de la escuela, ¡sin duda alguna fueron potenciados en sus vidas!

En una noche de campamento, un niño de 10 años era uno más de los más de 80 allí cantando y teniendo una reflexión Bíblica. Ese campamento quedará muy recordado, porque entre otras razones, una noche de tormenta y tornado dejó decenas de árboles caídos desde raíz, y aún más, como uno de esos árboles casi aplasta el vehículo que teníamos. Años más tarde, en otro campamento, en el momento de ministración y oración con un grupo de adolescentes, uno de los líderes de la congregación se acerca y se presenta que él era Andrés, ese niño de aquel fogón donde “tiró un palito al fuego haciendo un compromiso de vida entregada –quemarse por Jesús-“. Ahí estaba, todo un líder, empresario y agradecido porque ese tiempo en su niñez le marcó el resto de su vida para no apartarse y vivir apasionado por el Señor. Un fuerte abrazo, y un tiempo de oración específico sobre mi persona fue un tiempo de renovación, agradecimiento y llenura del Espíritu, hoy siendo él quien era usado por el Señor para ministrar mi vida.

¡El Señor es tan creativo! que puede usar un patio de escuela, un club, un campamento en medio del campo después de una tormenta que nos sorprende como vidas pueden ser potenciadas en propósito.

Consejos para que ello suceda:
-Reconocer que estamos para discipular en la vida a otras personas, y éstas a otras… ¡somos hacedores de discípulos!
-Sembrar, sembrar con fe. ¡Sabiendo que es Él quien hace crecer el querer como el hacer en las personas!
-¡Creer realmente que Su Palabra no vuelve vacía!

¡Cuántas sorpresas impensadas de siembras en la tierra nos esperarán allí en Su presencia cuando le veamos cara a cara junto a todos los que han creído!

 

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