Perfectamente diferentes: Desafíos y posibilidad

La niñez siempre fue prioridad en el ministerio de Jesús, pues para el Maestro ese sector social tenía un potencial extraordinario. Dos de sus mensajes más importantes y desafiantes a los discípulos, afirman la prioridad educativa que debía tener este sector de la sociedad: el que recibe en mi nombre a este niño… (Lucas 9.48); y dejen a los niños que vengan a mí… (Mateo 19.14).
La educación que se imparte a la niñez, en efecto, es para toda la vida. Además, los niños y las niñas tienen la capacidad apasionada de incorporar al resto de sus familias en el proceso educativo y en los programas congregacionales. Las actitudes y decisiones de la niñez tienen gran poder de persuasión y capacidad multiplicadora.
El libro, Perfectamente Diferentes es un intento sobrio y sabio que aspira a incorporar a la niñez con necesidades especiales, o como los identifico en mi trabajo, “ángeles que brillan”, en los programas de educación cristiana de las congregaciones, los grupos de fe y las diferentes comunidades de creyentes. Estos programas deben incluir una metodología de enseñanza como la que utilizó Jesús: íntima, desafiante, grata, personalizada y directa. Jesús, como educador, siempre procuró llevar al pueblo hacia la verdad que los haría libres: “Dijo entonces a los judíos que habían creído en él: si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31-32 RV60).
Enseñamos el mensaje bíblico a toda la población eclesiástica de modo que sean capaces de alcanzar su potencial para ser mejores personas y logren ser de ayuda a otros que desean ser parte de la familia de creyentes.
Cuando nos enfocamos con pasión y dedicación a la niñez a que se entusiasmen a participar en los programas de educación cristiana que ofrecemos como pueblo de Dios, lograremos contribuir de manera significativa al mundo, al promover valores que desarrollan ciudadanos plenos, emocionalmente balanceados y con buena salud mental y espiritual.
La educación cristiana es un “proceso educativo de crecimiento integral”. Y respecto a este tema, es importante afirmar que todos deben estar incluidos. Los niños y las niñas con necesidades especiales tienen el derecho a una educación inclusiva, de calidad, en igualdad de condiciones que el resto de la niñez y la congregación. Este sector de las iglesias y la sociedad no es un apéndice que podemos ignorar o subestimar. La verdad es que forman parte de las comunidades de fe y requieren reconocimiento y respeto de su dignidad.
¡No se debe excluir a nadie a la hora de enseñar y al momento de brindar oportunidades de aprendizaje! Las iglesias tienen que encontrar la manera de educar con éxito a todos los niños y las niñas. La educación cristiana efectiva e inclusiva tiene que ver con el cómo, dónde, por qué y con qué propósito educamos a nuestros alumnos. ¡No es solo transmitir información!
En este tipo de proceso educativo transformador, se incluye a todos: niños y niñas, blancos, negros, asiáticos e hispanos, ricos, pobres y de clase media, con necesidades especiales sin importar la condición física, mental y emocional, y de cualquier trasfondo religioso.
La meta básica y fundamental de la educación y la espiritualidad cristiana transformadora para la niñez con necesidades especiales, es ayudar a esta población que es parte del pueblo de Dios a crecer, madurar y disfrutar la vida en Cristo. El cambio de conducta lleva a los seres humanos a transformar su manera de pensar y actuar, hasta lograr disfrutar un tipo de vida con propósitos de bienestar, seguridad, paz, amor. Ese proceso de cambios, crecimiento, transformación y madurez se logra de la siguiente manera:
• Cuando se revisan las prioridades en la vida: “Ya no vivo yo más Cristo vive en mí…”
• Cuando se descubre la voluntad divina para mí, mi familia, mi iglesia, mi nación…
Deseamos preparar a nuestra niñez para un servicio eficaz para la iglesia y para el mundo. La finalidad no es el entretenimiento sino la transformación espiritual y el crecimiento personal. La educación cristiana es uno de los ministerios más importantes de la iglesia, pues promueve el desarrollo de una buena espiritualidad en nuestra comunidad infantil.
El libro, Perfectamente Diferentes, trata varios temas relevantes y necesarios para la iglesia y la comunidad. Por ejemplo, varios capítulos estudian los desafíos que representan el autismo, el síndrome de Down, la hiperactividad, los problemas de audición, de visión y de habla para la iglesia. Y, cómo están respondiendo las iglesias, las instituciones y los feligreses ante estos niños y niñas que nos llegan y son parte del pueblo de Dios.
En efecto, no podemos nunca olvidar que esa comunidad de niños y niñas con necesidades diferentes fue creada por Dios, y todo lo que Dios hace es bueno. Por eso nos creó a todos “perfectamente diferentes”.
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